MdF #9. Ciudad y Videojuegos

Cuando era pequeño, las “maquinitas” me privaban. Era un niño tirando a solitario, tenía mucha imaginación y poca gente alrededor. Me gustaban los libros y las películas y escribir e imaginarme cosas, pero sobre todo podía pasarme horas alucinando delante de una pantalla en la que veía saltar a un monigote. Cierto que nunca fui uno de esos chavales que tienen todas las consolas que salen al mercado: cosa de una madre preocupada por mis vicios y un hogar en el que ni faltaba ni sobraba nada. Tuve la Game Boy, unos años después la Playstation, y después… Poca cosa. Crecí y me dediqué a estudiar y a leer y a ver cine como un condenado y pasó mucho tiempo hasta que volví a interesarme por los videojuegos.

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El futuro ya está aquí (por fin)

Parece que en este blog llevamos toda la vida hablando del mismo tema… Y algo de verdad sí que tiene la cosa. De hecho, desde la publicación del capítulo 6, hace ya tres meses, ha sido el tema principal que hemos tratado en el blog, en las redes del canal… Y en la cabeza de quien esto suscribe. Durante todo el verano y parte del otoño le he dedicado mucho espacio mental y tiempo de trabajo al tema y de todo ello han salido varias entradas del blog (aquí, aquí, aquí y aquí), un texto largo en el que se condensan muchas de las ideas que han ido surgiendo en torno al tema, y finalmente este vídeo, en el que he tratado de hacer el salto mortal de condensar 10.000 años de imaginación futurista en 10 minutos.

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Ficciones de la ciudad futura. Una aproximación exprés

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El pasado 30 de septiembre participé como ponente en el BAU Design Forum que organiza cada año la gente de la Escuela de Diseño BAU, en Barcelona. La temática de la edición 2016 era la “sostenibilidad”. Reconozco que el encargo de dar forma a cuarenta minutos de charla y (sobre todo) ponerla en escena me ponía nervioso. Por mi falta de experiencia a la hora de hablar en público, por no estar muy seguro de encontrarme en mi elemento (yo no tengo demasiada formación en diseño, y me iba a tocar hablarles a un puñado de diseñadores) y porque a estas alturas no tengo demasiado claro qué queremos decir cuando usamos la palabreja “sostenible”.

Pero “a las penas, puñalás”, que dicen por ahí.

Así que empecé por lo más básico: la sostenibilidad maneja un imaginario de futuro. Uno en el que hemos aprendido a vivir de una manera más equilibrada, en relación más cercana y respetuosa con nuestro entorno. En ese futuro, en lugar de ser las bestias depredadoras que somos hoy, trataremos nuestro entorno como si fuera, de hecho, finito. Basándome en ese pensamiento primero, decidí basar mi discurso en las diferentes narrativas y relatos que han configurado los imaginarios del futuro urbano desde los inicios de la ciudad moderna, a mediados del siglo XIX. Un recorrido (muy rápido y necesariamente imperfecto) por el pasado para entender cómo hemos llegado al punto actual, y para superar la crisis de imaginación futurista en que estamos inmersos.

La intervención, junto con la de mis sabios compañeros de congreso, verá la luz en algún momento más adelante, en una publicación que BAU se encargará de recopilar, no sé aún en qué formato. Mientras tanto, he dedicado estos días a repensar y pasar a limpio los pensamientos que andaban desperdigados en mi charla, y quiero compartirlos con vosotros. Como el texto es más o menos largo, lo he colgado aquí abajo, para que los descarguéis si os interesa y me digáis después lo que pensáis.

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El texto será, por cierto, la base para el guión del capítulo #7, en el que estoy trabajando ahora mismo, y en el que espero introducir algunos cambios jugosos con respecto a entregas anteriores. ¡Gracias por vuestra paciencia!

“Peor aún, podría ser perfecto”


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“El futuro ya está aquí, es sólo que no está demasiado bien distribuido”. Esta es una de las citas más famosas de William Gibson, grande entre los grandes de la ciencia ficción de las últimas décadas, uno de los padres del cyberpunk literario, autor de la famosérrima “Neuromante”, entre muchas otras. En sus textos anticipó cantidad de elementos que hoy definen nuestra  cotidianeidad, como por ejemplo, nuestra doble vida digital, nuestras conflictivas relaciones con la inteligencia artificial, el espionaje masivo o nuestra adicción a las celebrities. Por tanto, un autor que hay que revisar si hablamos de futurismos. Incluido el futuro de nuestras ciudades, o las ciudades del futuro, que como quizás sabréis es el tema que ando estudiando ahora mismo.

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La ciudad, organismo salvaje

¿Qué pasará cuando los edificios sean tan inteligentes que cobren autonomía y les dé por replicarse a ellos mismos?¿Cuando acero y cristal evolucionen hasta ser organismos vivos? Una nueva naturaleza, un nuevo ecosistema ajeno al hombre, eficiente, salvaje e implacable como la vida que crece en cualquier parte.

Simulacra

La abstracción de hoy no es ya la de los mapas, el doble, el espejo, o el concepto. La simulación no es la del territorio, un ser referencial, o una substancia. Es la generación de modelos de lo real a partir de un origen irreal: un hiperreal. El territorio no precede al mapa, ni lo sobrevive. Es el mapa, por el contrario, el que genera al territorio que lo precede. Y si volvemos a las fábulas, hoy es el territorio el que se pudre lentamente a lo largo del mapa. Es lo real, y no el mapa, aquel cuyos vestigios persisten aquí y allá en los desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestros. El desierto de lo real en sí.

“Simulacro y simulación”
Jean Beaudrillard

 

MdF #5: Howard Roark, arquitecto sociópata

¡Ya lo tenemos aquí! El quinto capítulo de Mutaciones del Fantasma está disponible en el canal, y lo podéis ver justo encima de estas líneas. Ha llevado un tiempo, pero me gustaría pensar que la espera ha merecido la pena.

Quienes hayáis leido entradas anteriores ya sabréis que en este quinto capítulo hablamos sobre la película “El Manantial” y en especial sobre su protagonista, el arquitecto sociópata Howard Roark. Un tipo al que sólo le importa su carrera, su trabajo y hacer las cosas exactamente como él quiere sin escuchar nunca a nadie, y eso que se supone que construye casas para que otros las habiten. Un hombre con evidentes taras emocionales al que la película, propulsada por la chaladura objetivista del guión escrito por Ayn Rand, convierte en el héroe de nuestro tiempo.

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