Manifiesto por la ciudad nocturna (una adaptación)

Texto adaptado a partir del libro “Dark Matters. A Manifesto for the nocturnal city”, Nick Dunn (Zero Books, 2016)

A nuestro alrededor, el mundo urbano muta. Las rápidas transformaciones que se producen en grandes ciudades como Londres, París o Nueva York se van reproduciendo después, como ecos y réplicas, por el tejido urbano del mundo. Quizás algún día miremos atrás hacia este periodo de desarrollo urbano y acción política, y lo veamos como uno de profunda pérdida, como el momento en que la lógica neoliberal tomó el control de nuestras ciudades, corrompiéndolas hasta los cimientos. Mientras tanto, las señales de la extinción parecen estar acumulándose a nuestro alrededor, y nos sentimos aislados, impotentes. Pero daría la sensación de que en ocasiones nos lamentamos por lo que se ha perdido sin haberlo experimentado. Que anhelamos una vida urbana más intensa y plena, sin saber exactamente a qué nos referimos. Hacer eso es reflexionar desde un recipiente vacío. Mucho mejor abrazar el mundo y sus contradicciones, sus dificultades y desorden, que invocar fantasmas hace tiempo desaparecidos. En esta lucha, reclamar la noche es importante, y quizás más urgente que nunca. Pues entre las sombras sigue habiendo rayos de promesa y optimismo.

El siglo XXI está todavía naciendo. A mediados de la segunda década del nuevo milenio, parece evidente que las velocidades dañinas de nuestra existencia han afectado muy profundamente cómo y quienes somos. Pero también, quizás de manera más importante, “cuándo somos”. Nuestra habilidad para resistirnos a la corriente se ve comprometida por un continumm de distracciones que demandan nuestra respuesta. Nos parece que hemos conseguido algo cuando hemos contestado a un puñado de mails, o actualizado nuestro estado en las redes sociales, cuando lo único que hemos hecho es decirle al mundo donde estamos, quienes somos y qué estamos haciendo. La compulsión de tomar parte en la amnesia colectiva, en el barullo de las identidades borrosas, es sutil, pero extremadamente seductora. Lo líquido del mercado se ha infiltrado en cada aspecto potencial del disfrute epicúreo de la vida. Nos encontramos programados, dentro de esta cultura contemporánea de la acción-reacción, para disfrutar, si no buscar activamente, todos los placeres dentro del Imperio del capitalismo tardío. Más todavía, dimensiones antes inimaginables de nuestras vidas han sido integradas sin esfuerzo en el mercado, y nuestra atención no ha sido la que menos. Sea cual sea el futuro que aguarde a las ciudades, nuestra relación con ellas parece que será más y más mediatizada, y por tanto, cada vez más diluida, más nebulosa, sin límites espacio-temporales. Para hacer frente a esta deriva, es vital que prestemos atención. Para entender nuestras ciudades no como inanes coliseos de entretenimiento, sino como el verdadero ecosistema de la humanidad en el mundo de hoy. Es aquí donde entra en juego nuestra experiencia de la ciudad nocturna.

Salir a la noche es un acto conclusivo. Marca el final del día y abre las puertas de un nuevo mundo que explorar. No sólo el del paisaje urbano, sino el de uno mismo: la oportunidad de encontrarnos y atender a nuestro sentido más profundo del ser. De noche, la ciudad está siempre “a punto de”, nunca del todo completa ni por completo destruida. Está en flujo, cambia lentamente, fundiéndose y mutando. Siempre encontramos diferencias, incluso cuando en nuestro deambular nos cruzamos con el simulacro siniestro de paseos previos. Caminar por la ciudad de noche nos permite sentir, conectar y (re)pensar lo que nos rodea. Podemos poner en cada detalle nuestra total atención, un bienvenido respiro de la erosión y subdivisión continuas de nuestro tiempo y nuestra sensación de pertenencia al mundo. Salir deliberadamente del letargo de nuestras rutinas diarias, mediadas por el capital, y entrar en la valiosa oscuridad de la ciudad nocturna, puede ser una de las pocas prácticas verdaderamente bellas y sublimes que quedan a nuestra entera disposición. Lejos de ser horas muertas, para los despiertos la noche provee de posibilidades para la liberación. Un importante contrapunto a las responsabilidades que asumimos durante el día, una diversidad de formas de vida que apunta a la construcción de un mundo verdaderamente nuevo. A través de una compleja red de pensamientos, sensaciones y conexiones mentales, un paseo nocturno se convierte en una zambullida profunda en uno mismo. Ideologías, identidades y expresiones creativas entran en cuestión. Quedan atrás las ideas más prejuiciosas y tibias. Sabemos que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. La inercia que nos ata a la actualidad se esconde bajo múltiples velos de “novedad” que son de todo menos nuevos. Residimos, acomodados, dentro de estos límites. Pero olvidemos por un momento la performance hipertrofiada del día a día; tened por seguro que estará ahí esperando a que volváis. El paisaje urbano de la noche ofrece otros reinos: llenos de sutiles resistencias y desafíos.

En química, la sublimación se define como un proceso por el cual una sustancia sólida cambia a vapor cuando se la calienta, formando un depósito sólido cuando se la vuelve a enfriar. Ese es el proceso de transformación que ofrece la noche urbana. Una circunvalación a la dureza del día, un rico paisaje para la exploración tanto física como mental, lleno de matices de luz y sombra, de oportunidades para probar, examinar y dilucidar. Un profundo lienzo en el que convive una mezcla de grises, amarillos, marrones, naranjas y negros, en cambio perpetuo. Caminar por la ciudad de noche es salirse del tiempo, construir una ciudad imaginaria a cada paso. Es la oportunidad de romper con la inquietante uniformidad diurna y celebrar las virtudes urbanas, la belleza de lo ordinario. Liberados de los vectores rígidos de la rutina, la riqueza del deambular nocturno se hace palpable cuando lo misterioso, lo callado, lo secreto y lo efímero nos salen al paso para explorarlos en toda su gloria. Más que un momento y un lugar para las vicisitudes espeluznantes y ásperas de la fortuna, caminar por la ciudad de noche es una exaltación del descubrimiento constante y de la alegría de estar vivo, sintonizados y atentos a lo que nos rodea. De qué manera estas prácticas os apelen, sea cual sea la ruta que encontréis antes de que el sol vuelva a salir, el sublime fluir de la ciudad nocturna os está esperando.
Id, y sed.

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Un comentario en “Manifiesto por la ciudad nocturna (una adaptación)

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